3 señales que aparecen en tus datos antes de una lesión
Este atleta estaba en su mejor momento. Bajaba ritmos, dormía bien, no le dolía nada. Tres semanas después estaba parado.
Y lo peor no es que se lesionara. Lo peor es que las señales llevaban veinte días en sus entrenamientos, delante de nosotros, y ninguna de ellas tenía que ver con el ritmo, la distancia ni las pulsaciones medias.
Estas son las tres señales que reviso, en este orden, antes de decidir la semana de cualquiera de mis atletas.
Señal 1 — La deriva cardíaca
Qué es: cuánto te sube el pulso mientras mantienes exactamente el mismo ritmo.
Piensa en un rodaje a 4:50 el kilómetro, clavado de principio a fin. Sobre el papel, perfecto. Ahora mira el pulso:
- Kilómetro 1: 148 ppm
- Kilómetro 8: 159 ppm
Once pulsaciones más por el mismo trabajo. Eso significa que tu cuerpo está pagando mucho más caro exactamente lo mismo. Puede ser calor, puede ser deshidratación, puede ser un mal día. Pero cuando se repite sesión tras sesión, es fatiga acumulada saliendo por la única puerta que tiene.
Mi criterio: en un bloque de tempo o en un rodaje controlado, la deriva no debería superar las cinco pulsaciones entre la primera y la última parte del bloque. Si hablamos en porcentaje, un desacoplamiento por encima del 5 % en una sesión aeróbica es una señal a vigilar; por encima del 8 %, una señal a tomarse en serio.
Cómo lo miras hoy mismo: abre tu último rodaje largo en Strava, activa el gráfico de frecuencia cardíaca y compara la media del primer kilómetro con la del último. No necesitas nada más para empezar.
El matiz importante: una sola sesión no dice nada. El calor de agosto dispara la deriva en cualquiera. Lo que significa algo es que la deriva suba en sesiones equivalentes, en condiciones parecidas, durante varias semanas seguidas.
Señal 2 — La carga interna
Qué es: cuánto le ha costado a tu organismo el entrenamiento, no cuánto has hecho.
Todo el mundo cuenta kilómetros. Cuarenta y cinco a la semana, cincuenta, sesenta. Pero cuarenta y cinco kilómetros en marzo y cuarenta y cinco kilómetros en agosto —con calor, con estrés en el trabajo y durmiendo mal— no son el mismo entrenamiento. Para tu cuerpo no se parecen en nada.
La carga interna (TRIMP y métricas equivalentes) combina duración e intensidad real medida en tu pulso. Es la única forma de comparar semanas que sobre el papel parecen idénticas.
Qué busco yo: no el valor absoluto de una semana, sino el salto respecto a lo que venías haciendo. En el caso del atleta del principio, la semana en la que él pensaba que estaba en forma tenía una carga un 28 % más alta que la media de las cuatro anteriores. Esa semana se sintió genial. Esa semana fue la lesión.
La regla práctica: compara la carga de esta semana con la media de las últimas cuatro. Un salto puntual del 10-15 % es entrenamiento. Un salto por encima del 30 %, repetido, es una apuesta.
Sé honesto con el dato: la relación entre los saltos de carga y las lesiones está bien documentada, pero no es una fórmula mágica ni predice nada con certeza. Es un indicador de riesgo, no un diagnóstico. Lo uso para hacerme preguntas, no para tomar decisiones automáticas.
Señal 3 — La eficiencia aeróbica
Qué es: cuánta velocidad produces por cada pulsación. Y es la que casi nadie mira.
Coge dos rodajes suaves separados por tres meses. Mismo recorrido, misma distancia, mismo ritmo. Si estás mejorando de verdad, el segundo tiene que salirte con menos pulsaciones. Punto. Esa es la definición honesta de progreso.
- Abril: 4:55/km a 152 ppm
- Julio: 4:55/km a 149 ppm
Tres pulsaciones menos. Eso es adaptación real: tu motor hace lo mismo con menos combustible.
Y ahora el caso contrario, el que me preocupa. Un atleta que va más rápido cada semana con el pulso subiendo cada semana. Eso no es mejorar. Eso es apretar. Y apretar tiene fecha de caducidad.
Por qué nadie la mira: las otras dos señales dan miedo. Un pico de carga, un pulso disparado. De vez en cuando alguien las mira. Pero comparar dos rodajes suaves separados por tres meses no da miedo, no es espectacular y no aparece en ninguna aplicación. Y es exactamente donde se ve si tus últimos tres meses han servido para algo.
El matiz: la eficiencia aeróbica se mueve despacio. Tres meses es el mínimo razonable para ver algo, y necesita volumen suave constante y trabajo de fuerza detrás. Si esperas verla cambiar en dos semanas, te vas a frustrar.
Qué hicimos con este atleta
Bajamos la carga un 25 % durante diez días. Sin dejar de entrenar: solo cambiando el estímulo. Menos intensidad, mismo hábito, y trabajo de fuerza mantenido.
Volvió, hizo el bloque completo y corrió su objetivo. Sin parar un solo día por lesión.
Tus deberes de esta semana
No necesitas una plataforma para empezar. Necesitas quince minutos:
- Deriva. Abre tu último rodaje largo. Anota el pulso medio del primer kilómetro y el del último. Apunta la diferencia.
- Carga. Suma el tiempo de entrenamiento de esta semana y compáralo con la media de las cuatro anteriores. ¿Has dado un salto?
- Eficiencia. Busca un rodaje suave de hace tres meses en el mismo recorrido. Mismo ritmo, ¿mismo pulso? ¿Más? ¿Menos?
Si el número de la primera te sale por encima de diez, no entres en pánico: mira si se repite en las dos siguientes sesiones equivalentes. Una señal aislada es ruido.
Dónde entra FORMA
Estos tres números los calculo a mano desde hace años. El problema es que a mano solo se pueden mirar unas pocas sesiones.
FORMA hace ese cálculo automáticamente sobre todas tus sesiones, con mis criterios de zonas y de calidad de sesión metidos dentro, y me avisa cuando algo se sale de mis reglas. No decide nada. Señala. La decisión sigue siendo del entrenador.



